Su historia

El 29 de julio de 2016 el ente de control en Cundinamarca completó 81 años de existencia. Su creación, funcionamiento y crecimiento han marcado grandes hitos en su historia, instantes de agitación política, de intereses creados y en algunas ocasiones, periodos de grandes dificultades, así como satisfacciones en la defensa de la debida inversión de los recursos en el departamento.

El primer antecedente de lo que hoy son las contralorías en el ordenamiento del Estado, la encontramos en la directiva presidencial de 1829, a solo diez años de la creación de Colombia como República. En ella se estableció lo que en la historia de la Hacienda Pública se conoce como el Tribunal Mayor y Audiencia de Cuentas, a la cual se le asignó entre otras funciones glosar y fenecer las cuentas presentadas exigiéndolas a su debido tiempo. Pedir la destitución o suspensión de los empleados morosos, malversadores o ineptos. Al culminar el siglo XlX, algunas de las funciones que hoy cumple nuestra institución estaban atribuidas a una Corte de Cuentas. A ella, le competía revisar las cuentas rendidas por los funcionarios de manejo, la imposición de sanciones y la ejecución de los deudores, antecedente inmediato de lo que realiza la Contraloría de Cundinamarca.

El nacimiento de la Contraloría de Cundinamarca se enmarca en la conocida misión Kemmerer. Al entrar el siglo XX, y ante la necesidad de modernizar al país, el Gobierno Nacional contrató una misión de expertos de EEUU, encabezada por el economista Edwin Walter Kemmerer la cual tenía como función, formular recomendaciones al ejecutivo, en orden a situar a Colombia a tono con las nuevas corrientes de la administración.

Dentro de las recomendaciones, se destaca la conformación de un departamento de Contraloría, la cual se plasmó en la Ley 42 de 1923. Sin embargo, la creación de la Contraloría departamental, sugerida en una segunda misión Kemmerer, tiene como punto de inicio la Ordenanza 36 de 1935.

La Contraloría de Cundinamarca inició sus labores con un personal que no superaba los cincuenta funcionarios y que percibían salarios entre 70 a 400 pesos mensuales. En 1991 la Asamblea Nacional Constituyente dota a la Contralorías Departamentales, distritales y municipales de autonomía administrativa y financiera. Aspecto que aún no se ha desarrollado al máximo pero que permitió un avance importante para la independencia de las mismas. Y para cumplir con estos dictámenes constitucionales, la Contraloría de Cundinamarca deja su legendaria sede en el palacio de San Francisco, en el centro de Bogotá, donde vivió sus más importantes pasos de nacimiento, crecimiento y fortalecimiento como institución de control de Departamento y en agosto de 1994, inaugura su moderna sede en la Calle 49 con carrera trece, en el sector de Chapinero. De la misma forma, y en cumplimiento de los preceptos de la constitución de 1991, la Entidad de Control asumió el reto de adoptar la carrera administrativa para sus funcionarios. Pero también las contralorías tuvieron cambios de fondo, es así que, se dejó de hacer un control previo y perceptivo y se inicia la era del control posterior y selectivo que incluye controles financieros, de gestión y resultados fundados en la eficiencia, la economía, la equidad y la valoración de costos ambientales. Hasta hoy, por esta Institución han pasado 37 contralores, los cuales se han interesado por diferentes aspectos dependiendo de la época y de la situación del país en cada uno de los períodos correspondientes. Diferentes figuras del acontecer nacional han pertenecido a nuestra institución. Personajes como Augusto Ramírez Ocampo, quien fuera canciller de la República, el magistrado Carlos Medellín Forero, inmolado en los trágicos hechos de la toma del Palacio de Justicia, Víctor Renán Barco, reconocido senador de la República, el escritor bogotano Álvaro Salom Becerra, y el hoy cantante Beto Gálvez, entre otros pasaron por nuestra institución.